No hay que reconstruir vulnerabilidad

Después de un terremoto la presión por reconstruir rápido es enorme, y es comprensible. Pero reconstruir igual que antes, en el mismo lugar y con los mismos sistemas, es volver a construir el riesgo que produjo el desastre. Lo vemos hoy en Venezuela, y es una lección que también vale para Chile.

Qué significa “reconstruir vulnerabilidad”

  • Volver al mismo lugar sin estudiarlo: laderas inestables, quebradas, suelos que amplifican el movimiento o que pueden licuarse, o terrenos sobre fallas activas.
  • Repetir el mismo sistema estructural: pórticos sin muros, fachadas y tabiques de ladrillo hueco que se desprenden y generan caos.
  • Ignorar la amenaza real: diseñar para un sismo menor que el que efectivamente puede ocurrir en la zona.
  • Lo transitorio que se vuelve permanente: viviendas de emergencia que se quedan por años, algo que Chile también ha vivido.

Cómo hacerlo mejor

  • Estudiar antes de diseñar: amenaza sísmica local, fallas activas y suelo, incluido el riesgo de licuefacción.
  • Elegir sistemas robustos: estructuras con muchos muros en varias direcciones, que si bien se pueden dañar tienen una baja probabilidad de colapsar.
  • Proteger lo esencial: la aislación sísmica y los disipadores de energía permiten que hospitales y otras instalaciones críticas sigan operando después de un sismo, cuando más se necesitan.
  • Hacer cumplir la norma: una buena norma solo protege si se aplica completa, con revisión independiente y fiscalización.
  • Planificar el territorio: incorporar las fallas activas y las zonas de riesgo en los planes reguladores, y fijar plazos reales para las soluciones de emergencia.

Reconstruir es una oportunidad: la de dejar a la comunidad menos expuesta que antes del terremoto.

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Fallas geológicas activas y la nueva NCh433: lo que cambia al construir

Durante décadas el diseño sísmico en Chile se concentró, con razón, en los grandes terremotos de subducción, que ocurren frente a la costa (interplaca) y bajo chile continental (intraplaca) y con mucha frecuencia. Pero el territorio tiene otra fuente de peligro, menos frecuente y más cercana: las fallas geológicas activas. La nueva NCh433:2026 las reconoce explícitamente por primera vez.

¿Qué es una falla activa?

Los terremotos de subducción se generan en el contacto entre la placa de Nazca y la Sudamericana, a decenas de kilómetros de las ciudades. Los sismos corticales, en cambio, ocurren en fallas superficiales dentro del continente, a veces justo debajo de zonas pobladas. Son mucho menos frecuentes, pero cuando ocurren pueden romper la superficie y producir aceleraciones localmente mucho mayores. El terremoto de Venezuela de 2026 es un recordatorio de lo que puede pasar.

Chile tiene cerca de mil fallas activas o potencialmente activas. Entre las más conocida esta la Falla San Ramón, que recorre unos 50 km del piedemonte de Santiago, en comunas donde viven casi dos millones de personas. Su último gran sismo ocurrió hace unos 8.000 años, pero eso no significa que no haya que hacer nada: una falla puede pasar miles de años sin un gran terremoto y seguir siendo peligrosa.

Qué cambia con la nueva NCh433

Participé en el comité del INN que elaboró la actualización, la más importante de la norma en más de 15 años. Los cambios principales:

  • Resuelve las diferencias entre la NCh433 de 2009 y el Decreto 61 de 2011, que convivieron durante unos quince años.
  • Combina el enfoque probabilista con uno determinista, que antes no se consideraba.
  • Los proyectos cercanos a fallas activas deberán hacer estudios adicionales. La norma no prohíbe construir cerca de ellas, pero exige reconocerlas y evaluar su riesgo. Construir sobre la falla queda excluido de esta norma.

Con la información disponible hoy, ya no es posible ignorar la existencia de estas fallas.

¿Qué significa para quien vive o construye cerca de una falla?

No se trata de alarmarse, sino de aprender a vivir con ella. La probabilidad de que la Falla San Ramón se active en un período determinado es baja, pero las consecuencias serían grandes, así que el riesgo debe gestionarse:

  • Incorporar las fallas activas en la planificación urbana y no construir sobre ellas.
  • En proyectos cercanos, hacer los estudios de amenaza y de suelo que exige la norma antes de diseñar.
  • Dar especial atención a instalaciones esenciales, como hospitales, que deben seguir operando después de un sismo.

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¿Por qué colapsaron tantos edificios en Venezuela? Lo que Chile aprendió

En junio de 2026 dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por unos 40 segundos, sacudieron el norte de Venezuela. La Guaira, en la costa cercana a Caracas, concentró la mayor parte de los edificios colapsados. Las imágenes impactaron, pero el tipo de daño no fue una sorpresa para la ingeniería sísmica: casi todo lo que vimos ya se había observado en terremotos anteriores y está descrito en las normas.

Qué vimos

Varios factores se sumaron:

  • Cercanía de la fuente. En Venezuela las fallas cruzan el territorio o corren junto a la costa, y el sismo fue superficial. Mientras más cerca está la falla, mayores son las intensidades del movimiento.
  • Severidad extrema. Era la primera vez en cerca de un siglo que ocurría un sismo de magnitud 7 en la zona, y la norma vigente no le asignaba la máxima intensidad del país. El sismo fue mucho más severo que lo previsto.
  • Suelos. Las arcillas, frecuentes en climas tropicales, amplifican el movimiento más que los suelos rígidos.
  • Sistemas estructurales frágiles. Edificios de pórticos (vigas y columnas) sin muros, fachadas y tabiques de ladrillo hueco que se desprenden, y edificios al borde de laderas sin la robustez adicional que requieren.
  • Antigüedad. Muchos de los edificios que cayeron son de décadas pasadas. La norma venezolana de 2019 no se aplica a construcciones anteriores.

Por qué es poco justificable después de 1980

Hoy, mientras no se construya sobre la falla, es posible reducir considerablemente la probabilidad de colapso. Las herramientas técnicas para lograrlo están disponibles desde hace décadas, y por eso es poco justificable que edificios construidos de 1980 en adelante tengan colapsos catastróficos.

El problema de fondo es la falta de reserva. Edificios muy ajustados, con poca capacidad adicional, convierten cualquier error en la norma en un colapso. Y una buena norma no basta si no se aplica completa: la normativa venezolana es técnicamente sólida, pero sin una institucionalidad fuerte que la haga cumplir, no protege.

El duro aprendizaje de Chile

La ventaja chilena tiene raíces históricas. Entre 1906 y 1910 el país adoptó sistemas constructivos pensados para resistir y limitar daños en sismos, y desde hace más de un siglo nuestros edificios usan una gran cantidad de muros de hormigón en varias direcciones. Esos muros dan una gran reserva de resistencia: un edificio puede dañarse con una baja probabilidad de colapsar, e incluso volcado de costado mantiene espacios de sobrevivencia.

El concepto de diseño chileno es precisamente que, si un sismo supera la norma, el edificio tenga reserva. Así, un error normativo significa más daño o un costo de reparación mayor, pero no necesariamente colapso. El 27F lo demostró: las fuerzas registradas superaron ampliamente las previstas por la norma y aun así hubo muy pocos colapsos de edificios.

A eso se suma la institucionalidad: revisores sísmicos obligatorios por ley que validan la aplicación de la norma, constructoras que la respetan y usuarios que, en general, no eliminan muros ni cambian usos sin un estudio.

Para llevarse

  • La magnitud no explica por sí sola la destrucción: importan la distancia a la falla, el suelo y, sobre todo, cómo se construyó.
  • Las estructuras con muchos muros tienen una probabilidad de colapso mucho menor que los pórticos sin muros.
  • Una buena norma necesita instituciones que la hagan cumplir. Chile también tiene fallas activas, como la de San Ramón, que podrían generar aceleraciones similares a las de Venezuela.

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Por qué los edificios en Chile soportan terremotos (24horas TVN)

En el programa Mañana Informativa de 24horas (TVN) expliqué por qué los edificios en Chile resisten terremotos muy intensos sin colapsar.

Resumen

  • Las estructuras chilenas se diseñan para que un sismo severo produzca daño, pero limiten la probabilidad de colapso.
  • El terremoto del 27F (2010) fue la gran prueba: las fuerzas registradas superaron ampliamente las previstas por la norma y aun así hubo muy pocos colapsos de edificios.
  • La clave está en los muros de hormigón armado, que dan a los edificios una gran reserva de resistencia. Incluso volcados de costado mantienen espacios de sobrevivencia.

24horas TVN, Mañana Informativa, 26 de junio de 2026. Ver la entrevista →