¿Por qué colapsaron tantos edificios en Venezuela? Lo que Chile aprendió

En junio de 2026 dos terremotos de magnitud 7,2 y 7,5, separados por unos 40 segundos, sacudieron el norte de Venezuela. La Guaira, en la costa cercana a Caracas, concentró la mayor parte de los edificios colapsados. Las imágenes impactaron, pero el tipo de daño no fue una sorpresa para la ingeniería sísmica: casi todo lo que vimos ya se había observado en terremotos anteriores y está descrito en las normas.

Qué vimos

Varios factores se sumaron:

  • Cercanía de la fuente. En Venezuela las fallas cruzan el territorio o corren junto a la costa, y el sismo fue superficial. Mientras más cerca está la falla, mayores son las intensidades del movimiento.
  • Severidad extrema. Era la primera vez en cerca de un siglo que ocurría un sismo de magnitud 7 en la zona, y la norma vigente no le asignaba la máxima intensidad del país. El sismo fue mucho más severo que lo previsto.
  • Suelos. Las arcillas, frecuentes en climas tropicales, amplifican el movimiento más que los suelos rígidos.
  • Sistemas estructurales frágiles. Edificios de pórticos (vigas y columnas) sin muros, fachadas y tabiques de ladrillo hueco que se desprenden, y edificios al borde de laderas sin la robustez adicional que requieren.
  • Antigüedad. Muchos de los edificios que cayeron son de décadas pasadas. La norma venezolana de 2019 no se aplica a construcciones anteriores.

Por qué es poco justificable después de 1980

Hoy, mientras no se construya sobre la falla, es posible reducir considerablemente la probabilidad de colapso. Las herramientas técnicas para lograrlo están disponibles desde hace décadas, y por eso es poco justificable que edificios construidos de 1980 en adelante tengan colapsos catastróficos.

El problema de fondo es la falta de reserva. Edificios muy ajustados, con poca capacidad adicional, convierten cualquier error en la norma en un colapso. Y una buena norma no basta si no se aplica completa: la normativa venezolana es técnicamente sólida, pero sin una institucionalidad fuerte que la haga cumplir, no protege.

El duro aprendizaje de Chile

La ventaja chilena tiene raíces históricas. Entre 1906 y 1910 el país adoptó sistemas constructivos pensados para resistir y limitar daños en sismos, y desde hace más de un siglo nuestros edificios usan una gran cantidad de muros de hormigón en varias direcciones. Esos muros dan una gran reserva de resistencia: un edificio puede dañarse con una baja probabilidad de colapsar, e incluso volcado de costado mantiene espacios de sobrevivencia.

El concepto de diseño chileno es precisamente que, si un sismo supera la norma, el edificio tenga reserva. Así, un error normativo significa más daño o un costo de reparación mayor, pero no necesariamente colapso. El 27F lo demostró: las fuerzas registradas superaron ampliamente las previstas por la norma y aun así hubo muy pocos colapsos de edificios.

A eso se suma la institucionalidad: revisores sísmicos obligatorios por ley que validan la aplicación de la norma, constructoras que la respetan y usuarios que, en general, no eliminan muros ni cambian usos sin un estudio.

Para llevarse

  • La magnitud no explica por sí sola la destrucción: importan la distancia a la falla, el suelo y, sobre todo, cómo se construyó.
  • Las estructuras con muchos muros tienen una probabilidad de colapso mucho menor que los pórticos sin muros.
  • Una buena norma necesita instituciones que la hagan cumplir. Chile también tiene fallas activas, como la de San Ramón, que podrían generar aceleraciones similares a las de Venezuela.

En los medios

Sus comentarios

This site uses Akismet to reduce spam. Learn how your comment data is processed.